“Aquí estoy”: el rescate en Venezuela que marcó para siempre a un cruzrojista costarricense
“De 114 horas pudimos haber dormido unas 10 horas”- Joshua López
Durante casi cinco días, Joshua López durmió apenas unas diez horas. No fue por falta de tiempo, sino porque debajo de cientos de toneladas de concreto todavía podía haber alguien con vida. Ese alguien era Hernán Gil, un vigilante atrapado tras los terremotos que sacudieron La Guaira, Venezuela, y cuya voz marcó para siempre al rescatista costarricense.
En entrevista con Impact Channel, Joshua López, integrante de la delegación enviada por la Cruz Roja Costarricense a Venezuela, relató de primera mano lo que vivió durante las labores de búsqueda y rescate. Sin embargo, su vocación de servicio comenzó muchos años antes de aquella misión.
Una emergencia mientras era voluntario en la Isla del Coco despertó su interés por los primeros auxilios y, años después, convirtió esa vocación en su profesión.
“Si hay un llamado de auxilio o hay dolor, y podemos ayudarle, lo vamos a hacer sin pensarlo” - Joshua López
Cuando recibió la noticia de que viajaría a Venezuela, su reacción fue sencilla: “Ok… a trabajar”. Tras un recorrido de varias horas hasta la zona del desastre, el equipo costarricense comenzó las labores de búsqueda entre edificios colapsados, carreteras destruidas y familias que habían perdido prácticamente todo.
Durante 114 horas trabajaron casi sin descanso, relevándose únicamente para comer, hidratarse o dormir algunos minutos antes de regresar a la zona de impacto.
El momento que cambió la misión llegó cuando los rescatistas aplicaron la técnica de “llamado y escucha”. En medio del silencio de la estructura derrumbada, una voz respondió: “Estoy bien… aquí estoy”. La Cruz Roja Costarricense fue el primer equipo en confirmar que había una persona con vida bajo aproximadamente ocho pisos de concreto y unas 140 toneladas de escombros.
A partir de ese momento se sumaron rescatistas de Portugal, México, Colombia, Chile, España, El Salvador y Estados Unidos para trabajar en una operación donde cualquier error podía costarle la vida tanto a Hernán como a quienes intentaban rescatarlo.
Después de casi cinco días de trabajo ininterrumpido, Hernán fue extraído con vida. “Uno no sabe si reír, llorar o brincar. Verlo salir fue felicidad para todos”, recuerda Joshua. Pero también admite que una de las imágenes que nunca podrá borrar de su memoria fue encontrar, junto a los cuerpos de un adulto y un niño atrapados entre los escombros, pequeñas piezas de Lego y juguetes que el menor había dejado antes del colapso. Esa escena, asegura, le recordó el verdadero costo humano de una tragedia.
Hoy, de regreso en Costa Rica, Joshua afirma que la misión fue mucho más que un operativo de rescate. Para él, representó la oportunidad de demostrar que, cuando otro país pide ayuda, siempre habrá costarricenses dispuestos a responder.
“Estamos para brindar apoyo donde haya una emergencia. Si podemos ayudar, ahí vamos a estar”.






